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Capítulo XIII
Esta página reproduce un capítulo de
Influencia de la Civilización Romana en Cataluña

por D. José Balari y Jovany

publicado por
Libreria de Álvaro Verdaguer
Barcelona
1888

El texto es de dominio público.

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p52 XIV

Época probable
del uso de los nombres orográficos
y de su introducción en Cataluña

El arquitecto Vitruvio, que vivió en el primer siglo anterior á la Era cristiana, escribió en edad avanzada una obra De Architectura, según las obras griegas entonces existentes, según su propia experiencia y conformándose con las prácticas establecidas. Al tratar de los edificios públicos, hace referencia á un teatro, sin duda alguna al primer teatro de piedra que hubo en Roma, construído por Pompeyo, durante su segundo consulado, 55 años antes de J. C. De esto se infiere p53que no llegaría á conocer el de Cornelio Balbo ni el de Marcelo, construídos trece años antes de la Era cristiana, pues á no ser esto así, no hubiera dejado de hacer mención de los mismos. Estos tres teatros fueron los únicos que hubo en Roma.

Entre los términos arquitectónicos propios de estas construcciones, se halla en la citada obra la palabra praecinctiones, de que ya se ha hecho mérito, que resulta ser equivalente de la griega διαζώματαdiazomata — para significar los escalones más anchos y más altos que á manera de zonas ó fajas dividían los grados en diferentes series. Esta palabra se encuentra usada, como técnica, solamente en esta otra, pues más adelante vino á ser reemplazada por balteus, que en sentido propio significaba cinturón militar. El balteus tuvo en la latinidad clásica dos significaciones: la indumentaria primero y la arquitectónica después. En esta última significación la usó Tertuliano en su tratado De Spectaculis, escrito hacia el año 198. Como nombre orográfico pertenece á la lengua vulgar latina, á cuya propagación contribuyó principalmente la extensión que adquirió el Cristianismo, y tomó gran desarrollo cuando los pueblos venidos del Norte invadieron el Imperio romano occidental. Es de presumir que en el siglo III se p54dió esta nueva significación al nombre balteus, se hizo de uso común y corriente durante el IV, y pasó, á principios del V, de Italia á Provenza y Cataluña.

Importa, pues, investigar con qué ocasión ó en qué época se introdujeron en Cataluña los nombres orográficos.

Si se tiene en cuenta, en primer término, que estas denominaciones, á pesar de las vicisitudes porque ha pasado esta región, quedan subsistentes todavía formando parte del lenguaje común, forzoso será convenir en que el pueblo que las introdujo hubo de establecer aquí su residencia de una manera permanente y ejercer una influencia decisiva en el país. El dato positivo de la extensión geográfica de las palabras objeto de este estudio — Italia, Provenza y Cataluña — indica suficientemente cuál fué el punto de partida y el camino que siguió este pueblo hasta llegar á esta región. El único dato para resolver este problema es la lengua: la que hablaba el pueblo que introdujo estas palabras era el latín vulgar.

Tres son las invasiones que sufrió el territorio catalán limitado por los Pirineos y el Llobregat, de que da cuenta la Historia, tomando como punto de partida el siglo V: la de los visigodos, á principios p55de dicho siglo; la de los árabes, en los comienzos del VIII, y la de los francos, á últimos del mismo.

Los soldados de Carlomagno penetraron en Cataluña el año 778; pero el verdadero dominio de los francos no comenzó sino con la conquista de Barcelona, realizada por Ludovico Pío el año 801. Los francos echaron aquí la semilla del feudalismo, y hasta tal grado germinó, que fué luego el estado social de Cataluña completamente feudal. Apenas dejaron huella de su lengua, que era alemana.

Los árabes, que en 711 penetraron en España, fijaron también aquí su residencia, que no llegó á ser secular.

Cerca de tres siglos dominaron los visigodos en esta región: pasaron desde Italia á la Provenza y después á Cataluña, el año 416, antes de extender su dominio por toda España. Conviene, pues, fijar la atención en este hecho.

Los visigodos, según Iornandes,1 al llegar frente á la ciudad de Ravena, que era residencia imperial, hicieron proposiciones al emperador Honorio p56con el fin de establecerse en Italia. Tales proposiciones no fueron del agrado del emperador, quien las consultó con su Senado, y se acordó, con aprobación de aquél, ceder á los visigodos las provincias de la Galia y de la España, casi perdidas para el Impero, con el fin de alejar de Italia á los visigodos. Estos, que iban á poner en ejecución lo que se había pactado, viéronse luego contrariados por Stilicon, y después de varias vicisitudes que no es del caso enumerar, perdieron á Alarico, que era su rey.

Muerto Alarico fué nombrado rey de los mismos Ataulfo, quien con sus tropas pasó á la Galia. En Narbona contrajo matrimonio con Placidia, hermana del emperador Honorio. Las bodas se celebraron en enero del año 414, en casa de Ingenius, uno de los principales de la ciudad. En aquella ocasión el rey de los visigodos apareció vestido á la romana. En esta fiesta tomaron parte por igual los godos y los romanos.2 Iornandes considera este casamiento como una especie de alianza del Imperio romano con la nación goda,3 é p57 Idacio, en su Chronicon,4 dice que en este enlace se creyó ver cumplida la profecía de Daniel, según la cual la hija de un rey meridional se casaría con un rey del septentrión.

Orosio, autor contemporáneo de los hechos que se relatan,5 dice que el conde Constantino, estando en Arles, expulsó de Narbona á los godos y les obligó á pasar en España. Ataulfo, amigo de la paz, prefirió ser fiel al emperador Honorio y emplear las fuerzas de los godos en defensa de la república romana. Aunque Ataulfo había acariciado la idea de borrar el nombre romano y hacer que se llamara Gothia lo que antes era Romania, y aspiraba á ser lo que fué en otro tiempo César Augusto, sin embargo, aleccionado por larga experiencia de que por su excesiva barbarie los godos no podían atemperarse á las leyes, y de que no era conveniente dejar de aplicar las de la república, resolvió conquistar para sí, por lo menos, la gloria de establecer por entero y enaltecer el nombre romano por medio de las fuerzas de los godos, para captarse de la posteridad el título de p58restaurador, ya que no había podido realizar una mudanza.

Con estos antecedentes se puede concordar é interpretar lo que Iornandes dice en el capítulo XXXI de su obra, al manifestar que Ataulfo entró en España acompañado de gente escogida y de confianza — cum certis fidelibus delectis — y de una multitud poco apta para las armas — plebeque imbelli. — Esta plebe ó muchedumbre es probable que fuera gente romana y los guerreros escogidos gente de su raza.

Aunque Ataulfo vino á España como amigo de Honorio, con cuya hermana estaba casado, no ha de perderse de vista que el emperador había hecho antes cesión de las provincias de la Galia y de España á los visigodos situados frente á Ravena, en donde la corte romana tenía su residencia. Es, pues, probable que los visigodos, al establecerse en el territorio español limitado por los Pirineos y el Llobregat — Barcelona fué residencia de su rey — siguiendo la costumbre general en aquellos tiempos entre los pueblos invasores, y viniendo á lanzar de esta región á los bárbaros que la estaban devastando, se adjudicarían gran parte de las tierras del país de que se hicieron señores, y la plebe, compuesta de gente romana más p59bien que visigoda, poco dispuesta para empuñar las armas, resultaría ser en el reparto la más favorecida, y así con carácter permanente, como propietaria, quedaría aquí establecida aquella muchedumbre no guerrera. La Historia no proporciona sobre el particular una prueba directa, terminante y decisiva.

A falta de ella, la Filología ofrece datos indirectos que corroboran esta teoría.

Al territorio enclavado entre los Pirineos y el Llobregat se le ha dado el nombre de Catalunya vella, para distinguirlo del resto de la región catalana, apellidada Catalunya nova. Puede que esta división solamente esté relacionada con la reconquista de Cataluña iniciada por los francos; sin embargo, aunque esto sea así como se supone, es innegable que en más remota época, por la venida de los visigodos á España, ofreció un carácter particular al territorio que ellos ocuparon. En su lugar oportuno se ha puesto de relieve el resultado de la comparación de las más antiguas escrituras publicadas en la Marca hispanica y de las que se guardan inéditas en el Archivo de la Corona de Aragón y en el de la Catedral Basílica de Barcelona. Según tales documentos, los límites geográficos de la palabra balç están circunscritos entre p60los Pirineos y el Vallés, no pasan más allá del Llobregat; en tanto que desde el Vallés hacia el territorio del Panadés se usó la palabra cingle, que es traducción de balç, como está ya demostrado por documentos coetáneos. Los límites geográficos de esta palabra, importada de Italia, coinciden, pues, con los que se señalan para el territorio ocupado por los visigodo-romanos al establecerse en Cataluña viniendo directamente de la Galia.

Otra coincidencia no menos singular ofrecen algunas de las palabras que significan piedra, es decir, quer, roca, cot, petrapinna, estudiadas desde el punto de vista geográfico en todos los documentos más antiguos de los depósitos poco ha mencionados, porque cotpetra ofrecen la particularidad de haber sido usadas en el territorio contenido entre los Pirineos y el Llobregat; pinna, fuera de esta región; quer, principalmente en la comarca ampurdanesa, y roca en una y otra parte del Llobregat, indistintamente, como se verá por el estudio detallado de cada una de ellas.

Quer es lo mismo que roca y lo prueba, entre otros, un documento del año 985 en que se lee rupem siue cherum Clarinti;6 su región fué, como p61se ha indicado, la comarca ampurdanesa, ó mejor dicho, lo que hoy constituye la provincia de Gerona. Rara vez se encuentra usado fuera de este territorio; pueden citarse, sin embargo, el Castro de Cher,7 en el condado de Ausona, y el Castrum de Cheralt8 ó de Caralt,9 el castrum Kerol,10 en el condado de Barcelona, como casos aislados. Del nombre Quer y de sus derivados Querol ó Carol,11 Queralt ó Caralt y del diminutivo Queraltó, se han formado apellidos catalanes.

Los límites geográficos de la palabra roca — también apellido catalán — son más extensos, pues se encuentra indistintamente usada en todos los territorios de Cataluña, desde los Pirineos hasta más allá del Llobregat. Como ejemplo, puede citarse una escritura del año 894, en que se lee: "in ualle . . . castri ceruilionis . . . ultra ecclesia sancti siluestri siue in ipsa roca alba";12 en esta y en otra del año 900, con referencia á lo mismo, se halla escrito: "in castro ceruilione territorio barchinonense p62ultra fluuium lubricatum . . . usque ad ipsa roca rufa".º13

La palabra cot procede de la latina cos, cotis, que, como cautes, significó, según Forcellini, roca, peñasco grande y áspero, y se llamó también así la piedra en que se aguzan y afilan las herramientas. Es, pues, por la primera acepción, palabra sinónima de roca. Por lo que arrojan de sí las escrituras en que se hace mención de cot y de sus derivados, se puede fijar sin género de duda, como límite geográfico de esta palabra, la región comprendida entre los Pirineos y el Llobregat. No desmienten la primera significación, que hace á cot sinónimo de roca, el podium de cote,14 en el condado de Besalú; el monte de codal rubio,15 en la parroquia de San Pedro de Rexach, é "ipsa cod . . . cum ecclesia qui ibidem est fundata",16 en el susodicho condado. Hállase escrito unas veces cot,17 otras cut como en cutem de faio,18 ó en plural al nombrarse p63en el condado de Ausona la parroquia "sancti martini de cutis19 ó de chods,"20 cuya palabra tiene por derivados cutina,21 cudina,22 codinas,23, ó cudines,24 que da nombre á la parroquia "sancti felicis de cudines,25 cutineto,26 cudinags27codal28 ó codol.29 De estos nombres proceden los apellidos catalanes Cot, Cots, CodinaCodinachs.

En latín petra significó propiamente roca, y también escollo, y en sentido lato piedra ó materia más ó menos dura y compacta de que están formados las rocas. En el período más antiguo de la lengua catalana se empleó indistintamente ella y la palabra roca según se deduce comparando, entre otros, los datos de las siguientes escrituras: una del año p641151, en que se lee: "castrum de galifa cum ipsa rocha in qua fundatum est",30 y en otra de 1098, que dice: "et ipsa petra cum ipsa forteza qui est",31 y estos datos sirven también para explicar los apellidos Gallifa, SaperaSaforteza. Se usó pera con más frecuencia que pedra, aunque una y otra forma son muy antiguas, como lo prueban los apellidos ValldeperesPedralbes, el primero de los cuales procede del valle de Peres,32 nombrado en escritura del año 977 con referencia á la parroquia de Serrateix, e el condado de Berga, y el segundo del lugar llamado ya Petras albas,33 cerca de Barcelona, el año 988. Puede aducirse todavía una prueba más para demostrar que se usaron como sinónimas las palabras quer, rocapetra, pues se las encuentra con el mismo calificativo de bruno, á saber: Krobruno,34 en escritura del año 901, rochabruna,35 en otra de 1062, y petrabruna,36 en documento del año 1050, referente al término de Montcada. Los Pirineos y el Llobregat formaron p65también los límites de la región en que estuvo circunscrito el uso de las palabras petra ó pera en la época á que se refiere este estudio, y de sus derivadas: pedret,37 pedrel,38 perella,39 petroso,40 petrosa,41 pedrosel,42 pedrera,43 petricia,44 pedrencos45 ó pedrencs,46 perilione,47 perellone,48 pedregos.49a Algunas de estas palabras, con variantes según la pronunciación de la comarca de que proceden, han dado lugar á los apellidos Pedret, Pedrell, Parrella, PedrosPadros, Pedrosa, PedriçPadriçPerelló.

La pluma más gruesa y larga que se halla principalmente en la cola y en las alas de las aves, p66tomó en latín el nombre de pinna, cuyo diminutivo es pinnaculum, y por analogía se llamaron así las almenas de los muros y torres. De pinna procede penna, que Ducange señala como voz usada en España; es la pena ó penya en catalán, y significa roca ó colina. Pena y sus derivados penela,50 pennal,51 pignana,52pinatel,53 de que proceden los apellidos Pena, PanyellaPinyana, se usaron principalmente fuera del territorio limitado por los Pirineos y el Llobregat; alguna, aunque rara, vez se lee en escrituras de esta demarcación la palabra pinna, como en la de donación al monasterio de San Pedro de Roda, publicada por Marca con el número 116, y es del año 974.

La denominación del territorio Penadés ó Panadés puede dar también mucha luz sobre este punto. Dos etimologías han sido propuestas par explicar su origen. "La palabra Penadés, dice D. Manuel Milá,54 se ha querido mirar como una corrupción de Poenorum (cartagineses). Bien es verdad que se ha procurado corroborar esta frágil deducción p67con el apoyo de lápidas, vestigios, ruinas, etc., que, ó no vienen al caso, ó sólo han existido en la dudosa memoria de los anticuarios." Más adelante55 añade: "el mismo nombre actual de Panadés, que en los escritos de la Edad Media suena Penedés, Penites, Penitensis, Penitensium, ha dado lugar á la conjetura de los que suponen que hubo en esta región un establecimiento penitenciario en tiempo de los romanos."

No hay para que retroceder á épocas remotas con objeto de encontrar el origen y la significación de Panadés, pues esta palabra lleva á entrambos envueltos en su mismo seno.

En una escritura del año 1209 se lee villafranca de pinnatensi,56 y en otra de 1211 in pinatensi,57 que es palabra compuesta de cuatro partes: radical, dos sufijos de derivación y desinencia de caso; pinna es radical; pinn‑at tiene el sufijo propio de participio de perfecto; pinn‑at‑ensi‑s está provisto del sufijo ensi‑ con la s, desinencia de nominativo. Es nombre adjetivo que expresa una cualidad ó propiedad del objeto á que se refiere, y suele por lo general calificar á comitatus, castrum, p68territorium, etc. Cuando se usó aisladamente, entonces, como sustantivo, vino á significar territorio, y de ahí Vallense, Pinnatense, equivalen á territorio del Vallésdel Panadés, en cuyo caso perdióse la n de ns, acomodándose esta elisión á la regla general, como en spo‑ns‑us, espo‑s; ma‑ns‑us, ma‑s; ince‑ns‑us, encé‑s; to‑ns‑us, to‑s ó Thos como apellido.

Cortés, en el Diccionario geográfico de la España antigua, deduce el nombre de Panadés de Pinnensis, como si dijera abundante en peñas, que en opinión de D. Manuel Milá no es muy adecuado á la comarca. Los documentos, sin embargo, inducen á creer lo contrario, pues además de Penyafort, pueden citarse pena fidele,58 pena frentapena freta59 (fracta), penna rubia60 etc., que pertenecen á la comarca situada más allá del Llobregat, caracterizada por las penas ó penyas en opinión de los que dieron á este territorio el nombre de Penadés ó Panadés, de la misma manera que el condado de Peralada se halla apellidado pedraliense en un documento61 del año 1006, que equivale á p69petrariense,62 con cuyo adjetivo se encuentra calificado un valle situado en la Cerdaña.

En vista del resultado que arroja el estudio de la extensión geográfica que alcanzó cada una de las palabras que significan piedra, ¿podrá tenerse por opinión aventurada el suponer que hay cierta conexión filológica entre el hecho del establecimiento de los visigodo-romanos en la región limitada por los Pirineos y el Llobregat, y el uso exclusivo de balç, cotpedra dentro de este territorio, dado que fuera de estos límites naturales las palabras cinglepena se emplearon como equivalentes de aquellas que habían sido importadas directamente de Italia?

Admitida como cierta esta conexión, queda demostrado para la historia catalana: que desde principios del siglo V se estableció en esta región gente venida de Italia con los visigodos, poco dispuesta para las armas, plebe imbelli, como dice Iornandes, y amante más bien de la vida pacífica y de diversiones, de lo cual dió muestras cuando ex abundantia cordis aplicó á los accidentes orográficos p70los nombres propios de los edificios en que los romanos celebraban los juegos cívicos.

La lengua catalana tiene que ver también con esta teoría. La relación que se ha puesto de relieve entre el territorio ocupado por los visigodo-romanos y la lengua hablada por estos, quizás ofrezca un dato que contribuya á explicar cuál sea, entre otros, el fundamento de los matices de pronunciación de las vocales no acentuadas, con tendencia á convertir la e y la o en au, respectivamente. Esta pronunciación difiere de la que es propia de los naturales de las comarcas en que los árabes invasores prolongaron por más tiempo su permanencia, la cual se reflejó hace siglos en la lengua escrita, y fué tipo literario común para Cataluña, Valencia y Mallorca hasta que se interrumpió por causas diversas la tradición.

En el orden ético, la significación metafórica que tienen las palabras orográficas revela un rasgo saliente en cuanto á las costumbres y manera de ser social del pueblo que vino á establecerse dentro de los límites indicados.

En otro orden de ideas, en los nombres que dicen relación con la hidrografía, por ejemplo, hállase también confirmada esta influencia romana especial en Cataluña, si esta región se compara p71desde este punto de vista con las del resto de la Península, pues las palabras banyolas, banyuls, banyerescalders, que se usaron en la acepción genérica de lago ó estanque, no son sino aplicación del significado metafórico de balneumcaldarium, edificios públicos romanos destinados al aseo y limpieza del cuerpo. En muchas escrituras antiguas se halla mención de estas palabras en el sentido genérico indicado. A la circunstancia de esta situada junto á un lago debe su nombre la villa de Banyolas, en la provincia de Gerona.

Preciso, es, pues, convenir en que, á la influencia general de la civilización latina extendida de un modo más ó menos uniforme por todos los ámbitos de la Península después de consumada la conquista en tiempo de Augusto, se sobrepuso, á principios del siglo V, en la región circunscrita entre los Pirineos y el Llobregat, á manera de estrato, una civilización romana posterior, particularmente caracterizada, según se deduce de las palabras que forman la base de este estudio y de las consideraciones á que ellas han dado lugar.


Notas del autor:

1 Iornandes. — De Getarum sive Gothorum origine et rebus gestis, cap. XXX.

2 Histoire générale du Languedoc, lib. IV, cap. XVI, t. I, pág. 254, Tolosa, 1840.

3 Iornandes. — De Getarum sive Gothorum origine et rebus gestis, cap. XXXI.

4 Idatii episcopi Chronicon. — Florez, España sagrada, t. IV, página 353.

5 Pauli Orosii Historiarum Lib., VII, pág. 43.

6 Marca hispanica, ap. 135.

7 A. A. — Ramón Berenguer III, n. 102, año 1107.

8 A. A. — Ramón Berenguer I, n. 24, año 1038.

9 A. C. — Ant. Lib., I, n. 32, fol. 19 vuelto, año 1169.

10 A. A. — S. C., n. 3, año 987.

11 Marca hispanica, ap. 124, año 977.

12 A. A. — S. C., 667.

13 A. A. — S. C., 667 y 668.

14 Alsius y Torrent. — Ensaig histórich sobre la vila de Banyolas, pág. 125, doc. del año 1182.

15 A. C. — Ant. Lib., I, n. 824, fol. 299, año 1091.

16 Bofarull y Mascaró. — Condes vindicados, t. I, pág. 104, doc. del año 979.

17 Marca hispanica, ap. 193, año 1022.

18 A. A. — S. C., n. 7, año 1098.

19 A. C. — Ant. Lib., I, n. 153, fol. 56, año 1081, y A. A. — Alfonso I, n. 667, año 1193.

20 A. C. — Ant. Lib., II, n. 188, fol. 66 vuelto, año 1081.

21 A. A. — S. C., n. 439, año 1205.

22 A. C. — Ant. Lib., I, n. 558, fol. 207, año 1099, y A. A. — S. C., n. 370, año 1172.

23 A. A. — Alfonso I, n. 482, año 1188.

24 A. A. — Ramón Berenguer II, n. 15, año 1077.

25 A. A. — Ramón Berenguer I, n. 241, año 1059.

26 Bofarull y Mascaró. — Condes vindicados, t. I, pág. 179, y Marca hispanica, ap. 141.

27 A. A. — Ramón Berenguer IV, n. 283, año 1155.

28 A. C. — Ant. Lib., I, n. 1019, fol. 55, año 1195.

29 A. A. — Registro 13, fol. 205 vuelto, año 1264.

30 A. A. — Ramón Berenguer IV, n. 238.

31 A. A. — Ramón Berenguer III, n. 52.

32 Marca hispanica, ap. 122.

33 A. C. — Ant. Lib., IV, n. 53, fol. 17.

34 Marca hispanica, ap. n. 61.

35 A. A. — Ramón Berenguer I, n. 276.

36 A. C. — Ant. Lib., III, n. 225, fol. 85.

37 Marca hispanica, ap. n. 182, año 1019, y n. 252, año 1060.

38 A. A. — Alfonso I, n. 564, año 1190.

39 A. A. — Ramón Berenguer I, n. 88, año 1032, y A. C. — Ant. Lib., II, n. 352, fol. 118 vuelto, año 1064.

40 A. C. — Ant. Lib., I, n. 537, fol. 199 vuelto, año 1067, y A. A. — Ramón Berenguer I, n. 379.

41 A. C. — Ant. Lib., III, n. 187, fol. 68, año 1204.

42 A. C. — Ant. Lib., IV, n. 378, fol. 161, año 1057.

43 A. A. — Borrell, n. 20, año 981.

44 A. A. — S. C., n. 349, año 1047.

45 A. A. — S. C., n. 129, año 1055.

46 A. C. — Ant. Lib., I, n. 824, fol. 299.

47 Marca hispanica, ap. 193, año 1022, y A. C. — Ant. Lib., II, n. 193, fol. 68, año 1059.

48 A. C. — Ant. Lib., II, n. 474, fol. 162 vuelto, año 1009 y n. 377, fol. 128, año 1015. A. A. — Ramón Berenguer III, n. 259, año 1124.

49 A. A. — Ramón Berenguer III, n. 149, año 1112.

50 A. A. — Ramón Berenguer III, n. 222, año 1120.

51 A. A. — Ramón Berenguer III, n. 221, año 1120.

52 A. A. — S. C., n. 377, año 990.

53 A. A. — Ramón Berenguer I, n. 149, año 1054, y n. 375, año 1067.

54 Memorias de la Academia de Buenas Letras de Barcelona, t. II, pág. 510.

55 Memorias, etc., t. II, pág. 512.

56 A. A. — S. C., n. 376.

57 Ant. Lib., I, n. 675, fol. 249.

58 A. A. — Ramón Borrell, n. 111, año 1015, y S. C., n. 395, año 1131.

59 A. A. — Ramón Berenguer I, n. 149, año 1054.

60 A. A. — S. C., n. 485, año 1109.

61 A. A. — Ramón Borrell, n. 79.

62 A. A. — Borrell, n. 20, año 981, y Ramón Berenguer I, n. 300, año 1064.


Nota de Thayer:

a En la historia de México y de los Estados Unidos — intervención estadounidense en México de 1846‑1848 — se conoce tambien el Pedregal, gran campo de escoria volcánica cerca de la Ciudad de México, sitio de un importante reconocimiento militar antes de la batalla de Churubusco.


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Página actualizada: 17 ene 12